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Historia Naval (S. XVI)

EL SISTEMA NAVAL CON AMÉRICA EN TIEMPOS DE CARLOS V: LA ARMADA DEL CARIBE

                                                                                                                                                                                                                                       

1.-INTRODUCCIÓN

Pese a que existe una vasta bibliografía sobre la navegación entre España y América en toda la época colonial y muy especialmente en el siglo XVI1 lo cierto es que aún hoy es posible puntualizar y matizar numerosos aspectos. En este presente trabajo haremos un breve bosquejo del sistema naval español en la época de Carlos V para a continuación adentrarnos en un aspecto poco conocido de la historia naval del Quinientos como es la Armada del Caribe.

Todo el régimen de navegación colonial, gestado básicamente durante la época Carlos V, estuvo condicionado por la presencia de corsarios franceses en los puntos claves de la Carrera de Indias. Así, desde el mismo momento del Descubrimiento de América comenzaron a llegar masivamente corsarios franceses a las costas peninsulares. A la sombra de las riquezas que venían de las Indias se desarrolló un intenso corsarismo que afectó primero a las costas occidentales peninsulares y, pasadas las primeras décadas, al continente americano, especialmente al área caribeña. Así, las costas del suroeste peninsular se convirtieron en un polo de atracción de los corsarios, que centraron sus actuaciones en el triángulo comprendido entre las islas Madeiras, las Canarias y la costa oeste de Andalucía, bien, a la espera de los navíos que iban a las Indias, o, preferentemente, de los que retornaban a la Península cargados de metal precioso. Desde los primeros años del siglo XVI el cabo de San Vicente se comenzó a conocer entre la gente de la mar como "el cabo de las sorpresas" porque era precisamente en esa zona donde los franceses solían esperar a los navíos españoles2. Además, estos corsarios llegaban con gran número de navíos y perfectamente equipados y "pertrechados", ya que estaban patrocinados o protegidos, de manera más o menos extraoficial, por el Rey de Francia.

Pasadas las primeras décadas del siglo XVI comenzaron a adentrarse cada vez más en las costas americanas, centrándose buena parte de su actividad en el área caribeña. Por ello, los primeros ataques navales de cierta consideración librados en el Nuevo Mundo no se produjeron hasta fines de la década de los veinte3.

Este intenso corsarismo condicionó toda la política naval española. En la primera mitad del siglo XVI se configuró un sistema de flotas, regulada definitivamente en 1561 y 1564, que como es bien sabido estuvo vigente casi tres siglos en la navegación ultramarina.

 

2.-EL SISTEMA NAVAL DE LA CARRERA DE INDIAS

La Corona, ante el riesgo que corrían las embarcaciones que participaban en el comercio indiano decidió, por un lado, la regulación de la navegación indiana. Y por el otro la creación de dos armadas de averías, a saber: la Armada Guardacostas de Andalucía4, y por el otro, la Armada del Caribe en la que indagaremos en este presente estudio.

En lo referente a la navegación se dictaron ordenanzas en las que se compelió a los maestres, capitanes y propietarios de navíos a que viajasen en convoy o en "conserva"5, suficientemente artillados y protegidos en todo su derrotero por uno o varios navíos de armada. Este tipo de navegación colectiva se impuso paulatinamente debido a los continuos ataques corsarios que asolaron tanto las costas andaluzas como las principales rutas de la Carrera de Indias. Este sistema se utilizó por primera vez en 1522, cuando la Corona ordenó que los navíos fuesen a las Indias en conserva y custodiados por buques de guerra6.

Por otro lado, la primera vez que encontramos planteada una ordenación del sistema de doble flota anual fue en 1543, cuando el Rey, informado de los rumores sobre la presencia de veleros enemigos en las costas, dispuso lo siguiente:

 

Que las flotas no sean de menos de diez naos y que salgan dos flotas al año, una

por el mes de marzo y otra por el mes de septiembre y que no vayan más de dos flotas durante el tiempo de la guerra7.

 

La navegación en convoy fue creada, pues, en la primera mitad del siglo XVI tan sólo para ocasiones de emergencia. Sin embargo, dada la situación de guerra continua con los franceses, se convirtió de hecho ya en la primera mitad del siglo XVI en la auténtica regla del comercio y de la navegación indiana.

Y por otro lado ya hemos dicho que la Corona optó por fletar armadas a costa del impuesto de averías con vista a reforzar la defensa en áreas y en momentos determinados. Como ya hemos afirmado la defensa de las costas del Atlántico sur peninsular, estuvo garantizada por la Armada Guardacostas de Andalucía cuyo centro neurálgico estuvo situado en Sevilla, donde residían, concretamente en la Casa de la Contratación, los jueces y diputados de ella8. Ésta se aprestó por primera vez en 1521 y prolongó su actividad durante los siglos XVI y XVII. Su actuación se centró en tres rutas básicas, a saber: primera, el trayecto Azores Sanlúcar de Barrameda, acompañando a los navíos que venían de regreso del Nuevo Mundo cargados de mineral precioso. Segunda, las costas de Sanlúcar a Cádiz, lugares donde frecuentemente solían aguardar los corsarios a las flotas del Nuevo Mundo. Y tercera, la vía Sanlúcar de Barrameda  Canarias, protegiendo a las flotas que salían de Sevilla con destino a Indias9.

Realmente, con la vigilancia de estas rutas el Rey se aseguró una defensa relativamente eficaz, ahorrándose los enormes gastos que hubieran supuesto enviar anualmente una armada a las Indias que acompañase a los navíos hasta el otro lado del océano. Era, pues, necesario elegir unos puntos concretos de vigilancia ya que, como explicaba Luis Sarmiento, en una carta escrita a Su Majestad, y fechada 1540: "La mar era tan larga que aunque se armasen mil naos era por demás pensar de poder estorbar que los franceses no enviasen su armada a donde quisieren..."10.

 

3.-LA DEFENSA DEL CARIBE

La protección de las costas caribeñas en este período de tiempo se procuró, al igual que en la Península Ibérica, mediante el apresto de armadas guardacostas. Hemos de tener en cuenta que en esta época las flotas protegidas por varios navíos de guerra fueron muy esporádicas, de ahí que el sistema más utilizado para defender las puntos críticos de la Carrera de Indias fuese el de estas armadas de averías. Así, pues, en líneas generales hemos observado un gran paralelismo en la organización y en las funciones de la armada del Caribe con las que por el mismo tiempo se pertrecharon en las costas de Andalucía Occidental para proteger a los navíos que llegaban de las Indias o partían para ellas.

Por otro lado hemos de destacar que esta Armada del Caribe puede considerarse como el precedente remoto de lo que será la Armada de Barlovento que desarrolló su actividad entre 1640 y 176811. Sin embargo, como veremos a continuación, existen diferencias sustanciales entre ambas armadas: en primer lugar, la Armada del Caribe se financiaba a través de la avería, mientras que la de Barlovento lo hacía a través de otros impuestos como la alcabala. En segundo lugar, la sede de la primera fue la ciudad de Santo Domingo, donde residían los jueces de la Armada, mientras que la segunda tenía su base de operaciones en el puerto mexicano de Veracruz. En tercer lugar, la primera utilizaba naos y carabelas mientras que la segunda exclusivamente galeones. Y en cuarto lugar, sus objetivos eran distintos pues mientras la primera se dedicó a la protección de las Antillas, la segunda extendió su actividad a las costas mexicanas, escoltando con frecuencia a las flotas de Nueva España.

La presencia de corsarios en el Caribe fue aumentando rápidamente desde los albores del siglo XVI, pese a que, como bien ha afirmado Haring, son muy pocas las noticias que tenemos de sus acciones bélicas en los primeros treinta años de la colonización12. Sin embargo, los temores de las autoridades indianas por el posible aumento de los ataques corsarios eran bien patentes ya en 1528 según vemos en el texto que reproducimos a continuación:

 

Y como piensan (se refieren a los corsarios) y tienen noticia que de estas partes va mucha cantidad del oro con que se sostiene la guerra por Vuestra Majestad que vista la poca defensa que acá hay se tiene mucho temor que como lo vieran enviarán sobre esta tierra a hacer en ella todos los daños que pudieren...13

 

Estos corsarios llegaban ya en la década de los treinta perfectamente informados de toda la geografía caribeña tanto en lo referente a la fecha de salida de los navíos españoles como de sus posibilidades defensivas14. Cada vez más los corsarios se decidían a cruzar el océano, confiados en arrebatarles las mercancías a unos navíos españoles demasiado sobrecargados y mal armados15. Así, en la década de los cuarenta informaba la Audiencia que ni aún en tiempos de paz entre España y Francia dejarían de venir los corsarios a estas islas "porque las presas son muy grandes y sin riesgo ni resistencia ninguna..."16. Cuatro años después, es decir, en 1545, se ratificó nuevamente esta idea al informar el Almirante a Su Majestad que lo que animaba a los corsarios a navegar rumbo a las Indias era "parecerles... que tienen lejos el castigo"17.

En medio de este panorama las medidas que se tomaron desde la década de los veinte la Corona fueron muy tímidas; entre ellas, la creación de la Armadas del Caribe, financiada a costa de la avería18. Evidentemente, y al igual que ocurría con la Armada Guardacostas de Andalucía, su objetivo principal no fue tanto la defensa de los habitantes caribeños como la protección de las rutas seguidas por los navíos de la Carrera de Indias a su paso por dicha área19. No en vano en las instrucciones otorgadas al capitán Juan de Lalo se le especificó su misión de una manera muy clara:

 

La principal causa porque nos hemos movido a hacer esta armada ha sido por la seguridad de la flota que al presente está aparejada para ir a España y de la que se espera que al presente viene de camino de España habéis de llevar cuidado y atención de asegurar el dicho viaje por donde han de ir y venir las dichas naos y flotas...20

 

No debemos perder de vista la peligrosidad del área caribeña donde, según calculó Hoffman, se perdieron un 40 por ciento de todos los navíos desaparecidos en la Carrera de Indias entre 1535 y 154721.

Pese a todo uno de los elementos con los que jugaron los corsarios fue con el de la sorpresa ya que los rumores solían llegar con muy poca antelación como para aprestar la armada antes del ataque. Además los corsarios, conscientes de esta realidad, se presentaban en los puertos con sus banderas arriadas para intentar pasar desapercibidos hasta el último momento, por lo que se hizo común en los puertos antillanos disparar "tiros sin pelota para que amainen y hagan señales de paz..."22. Incluso, desde 1538 se acordó disparar salvas con bolaños a los navíos que llegasen al puerto para que alzasen su bandera23, pues, precisamente en esta fecha unos navíos franceses, tras hacerse pasar por españoles, saltaron en tierra cerca de Azúa e hicieron un gran destrozo, tomando 3.000 arrobas de azúcar y carneros para su avituallamiento24.

 

4.-LA ORGANIZACIÓN DE LAS ARMADAS CARIBEÑAS

Como ya hemos afirmado esta armada se caracterizó por su carácter eventual, es decir, tan sólo se pertrechaban cuando se avistaban corsarios en las costas. Sin duda esta circunstancia limitaba mucho su eficacia. En muchas ocasiones su cometido se limitó necesariamente a acudir al resto de las islas caribeñas para dar aviso del peligro y evitar de este modo que los navíos partiesen de sus puertos25.

En otras ocasiones las autoridades isleñas no esperaron a que la Audiencia de Santo Domingo tomase la decisión de aprestar la armada, defendiéndose con alguna embarcación que estuviese en el puerto sin esperar a la Armada. Así, por ejemplo, en 1538, los franceses capturaron en las costas de Cuba un bergantín español y desde la misma isla se armó un batel a cargo de Diego Pérez que combatió durante más de 24 horas con los franceses, hasta que lograron finalmente recuperar el navío robado26.

Pese a todo no faltaron peticiones unánimes para que esta Armada del Caribe tuviese una presencia permanente. En lo que sí diferían los memoriales es en el tipo de barcos que la formarían, pues, según unos, deberían ser galeras, y según otros, dos carabelas y un bergantín o dos fustas27. Sin embargo, a juzgar por el carácter eventual que siempre tuvo la Armada, ninguna de estas peticiones fueron escuchadas por las autoridades españolas. En 1528, la petición llegó más lejos pues los oidores de Santo Domingo plantearon al Rey la idea de crear en esa isla el centro naval y defensivo más importante de todo el continente americano28. Concretamente propusieron crear en la Española "una puerta por donde entren y salgan todas las gentes y mercadurías, que estuviese suficientemente artillada y que allí convengan (sic) todas las flotas que vengan de Nueva España y Tierra Firme"29. Evidentemente el proyecto no tuvo una buena acogida y la defensa, tanto de la propia isla Española como de las demás islas caribeñas, se solvento precariamente con esta Armada de averías.

Como ya hemos afirmado, la sede central de la Armada fue Santo Domingo, aunque en una ocasión se proyectó y aprestó desde la Península Ibérica. Concretamente, en 1556, se organizó en Sevilla una armada "que anduviese en la guarda de las costas de la Española", al frente del prestigioso capitán Juan Tello de Guzmán30. La armada, tras dos largos años de preparativos en Sanlúcar, estuvo al menos un año en la defensa de las costas no sólo de la Española sino de todo el área caribeña31. Como ya hemos afirmado, el envío de este tipo de armadas desde Castilla fue algo muy excepcional, por una sencilla razón: por la interminable demora que se producía desde que aparecían los primeros rumores sobre la presencia de corsarios hasta que se aprestaba la armada y llegaba al Caribe.

 

A.-LAS AUTORIDADES DE LAS ARMADAS

Al igual que en otras armadas de averías el poder máximo recaía en el juez de armada que era asesorado por varios diputados de mercaderes. Normalmente, en España este cargo era de nombramiento Real, sin embargo, en el Caribe, por motivos obvios, su designación quedó delegada en la Audiencia de Santo Domingo, quien tenía poder para delegar dicho oficio en uno de los oidores32. Éste poseía poderes casi absolutos en todo lo concerniente a su organización y a su funcionamiento. Asimismo estaba facultado para ordenar el cobro de la avería, para embargar los navíos necesarios y la artillería así como para nombrar capitanes y veedores33.

Los diputados de mercaderes eran corrientemente tres aunque conocemos años en los que excepcionalmente hubo uno más34 y se elegían exclusivamente por los mercaderes de la Española. La duración del oficio estaba en directa relación con el carácter temporal de la Armada que tan sólo cobraba actividad, como hemos dicho, cuando se tenían noticias fehacientes de la presencia de buques enemigos en las costas.

Igualmente, existía un contador general de la armada con la facultad de fiscalizar las cuentas y asesorar en cuestiones económicas al juez35. Además, entre sus facultades estaba la de hacer el inventario de todos los bienes que se tomaban al enemigo. A continuación debía extraer el quinto real y repartir el resto entre la tripulación de manera equitativa y en función al rango desempeñado por cada uno en las acciones bélicas36.

La Armada estaba mandaba por un capitán general, nombrado por el juez, prefiriéndose para este puesto a aquellas personas de ascendencia noble37. Esta circunstancia no era privativa de esta armada sino que era normal que los altos mandos de todas las flotas y armadas de Indias perteneciesen al menos a la baja nobleza o poseyesen un hábito de alguna Orden militar38.

Tenemos constancia documental de los nombres de algunos de los capitanes que tuvieron las armadas del Caribe entre ellos Juan de Lalo que estuvo al frente de la capitanía general de la Armada al menos durante 1528. Por desgracia desconocemos casi todo sobre su vida aunque sí que lo tenemos documentado en 1508, como maestre de una nao de Indias39.

Otro de los capitanes de la armada fue Ginés de Carrión, un prestigioso maestre, que estuvo al frente de ella en 154240. En 1552, se designó a frey Juan de Mediarechaga, caballero de una Orden militar, para ir a la Española a la "protección de sus costas", cometido que no llegó a realizar41. Finalmente, en 1556, estuvo al frente de ella Juan Tello de Guzmán, caballero de la Orden de San Juan42.

La remuneración de estos capitanes al igual que la del resto de la tripulación se componía de un salario fijo43 más el incentivo que suponía el reparto del botín capturado a los enemigos, eso sí, excluyendo el quinto de Su Majestad44.

 

B.-LOS NAVÍOS DE LA ARMADA

Básicamente los navíos utilizados fueron la nao y la carabela, apoyada casi siempre por alguna embarcación de menor porte. Solía ocurrir que los improvisados ataques corsarios obligaba a tomar sencillamente los navíos que hubiese disponibles, a veces deficientemente pertrechados e incluso en mal estado. En otras ocasiones se veían obligados a utilizar navíos de gran tonelaje poco aptos para dar alcance a los corsarios, los cuales solían ir en pataches, navíos de los que se decía que eran "pequeños pero al propósito de esta tierra"45.

A continuación presentamos un cuadro en el que podemos observar el número y tipología de los navíos utilizados en algunos años:

 

CUADRO I

NAVÍOS UTILIZADOS EN LAS ARMADAS DE

AVERÍAS DEL CARIBE (1528-1542)46

 

AÑO

GALEONES

NAOS

CARABELAS

BERGANTINES

TOTAL

1528

--

1

3

--

4

1537

¿?

¿?

¿?

¿?

3

1538

1

--

2

--

3

1539

--

1

--

1

2

1542

--

2

2

--

4

1543

--

2

1

1

4

1556

--

3

--

--

3

 

A la luz de los datos presentados en el cuadro I está claro que los navíos más utilizados fueron, como ya hemos señalado, las naos y las carabelas que totalizaron aproximadamente tres cuartas partes del total. A veces resultaban más eficaces los navíos ligeros que los de gran tonelaje hasta el punto de que, por ejemplo, en 1528, el mejor remedio que se utilizó para luchar contra los franceses fue un bergantín al mando del capitán Francisco Gorbalán y dos canoas con varias decenas de indios flecheros de la isla Margarita47. Estos se enfrentaron a la armada francesa, capitaneada por Diego Ingenios48 y formada por una nao, una carabela y un patache. El resultado fue la muerte de numerosos enemigos y la fuga de los navíos enemigos.

En cuanto al número de navíos aprestados para estas armadas solía oscilar entre dos y cuatro según se observa en el cuadro anterior.

 

C.-LA FINANCIACIÓN DE LA ARMADA: LA AVERÍA

Esta Armada del Caribe estuvo financiada a través de la avería, un viejo impuesto castellano que gravaba con un porcentaje determinado las mercancías que entraban o salían de los puertos49. Los costes recayeron sobre los comerciantes que en reiteradas ocasiones reivindicaron el hecho de que también las mercancías de la Corona estuviesen sujetas al gravamen, hecho que nunca llegó a ponerse en práctica50. Estos alegaban que también debían pagar la avería para la armada que se hacía en Castilla y que era gravoso que tuviesen que financiar dos armadas, una en el Caribe y otra en las costas del suroeste peninsular. Por ello pedían que la Corona también estuviese sujeta al pago de este gravamen según podemos observar en el texto que transcribimos seguidamente:

 

Ítem, que en la avería contribuya el oro y perlas de Su Majestad y de otras cualesquieras personas particulares eclesiásticas y seglares y todas las mercadurías que viniesen de Castilla y todas y cualesquieras naos y carabelas que entraren o salieren de este puerto y de otros cualesquieras puertos de esta isla, quien venga de Castilla o de la Nueva España, de Cubagua y Tierra Firme, isla de San Juan y de otras partes numerando el porte de cada navío para que pongan un tanto por tonelada al respecto de las que por nosotros se repartieren y entiéndase que de los negros e indias que vinieren a estas partes no se lleve más de la mitad de la avería porque no corren tanto riesgo de franceses como las otras mercaderías51

 

Las reivindicaciones de los mercaderes no fueron atendidas quedando eximidos del pago tanto la Corona como los eclesiásticos52. Por lo demás desconocemos si los cargamentos de esclavos negros estuvieron gravados con el impuesto aunque creemos que no, pues, realmente tenían razón los traficantes cuando declaraban que los barcos negreros no solían ser objetivo de los corsarios53.

Al igual que lo que ocurría en España el porcentaje oscilaba dependiendo de la necesidad que había de aprestar más o menos navíos. Así, por poner algunos ejemplos mientras que en 1527 se cobró el 2%, en 1543, tan sólo el 0`5%54, y, finalmente, en 1549 el 1%55.

Todas las islas y todos los puertos principales del Caribe estuvieron sujetos al pago de la avería aunque evidentemente las cantidades con las que contribuyeron al sostenimiento de estas armadas fue muy desigual dependiendo del grado de negocio comercial de cada lugar. En el Cuadro II que exponemos a continuación se puede ver claramente la cantidad con la que contribuyó cada región al sostenimiento de la armada.

 

CUADRO II

CONTRIBUCIÓN A LA AVERÍA POR ZONAS56

 

TERRITORIO

CANTIDAD (en ducados)

PORCENTAJE

La Española

12.000

37,50

Isla Margarita

10.000

31,25

Cuba

5.000

15,62

Jamaica

2.000

6,25

Caracas, Cumaná Y Curazao

2.000

6,25

Puerto Rico

1.000

3,12

TOTAL

32.000

100,00

 

Pese a que no podemos precisar el año exacto en el que se pueden fechar las cifras presentadas en este cuadro lo cierto es que puede ser muy representativo para valorar en su justa medida el nivel de actividad comercial de cada lugar. Así, debido a su alta actividad entre la isla Española, Margarita y Cuba cubrían casi el 85% de los gastos que generaban las armadas de averías. Las cantidades que hacían falta para sufragar la armada debían ser importantes, pues, además de la cifra planteada en el cuadro II, en 1549, sabemos que se tomaron nada menos que 20.000 pesos de oro para financiar la armada de averías57.

 

D.-EL PROBLEMA DE LA ARTILLERÍA

El principal problema a la hora de improvisar las armadas era la artillería que llegaba en estos primeros tiempos muy escasa y a muy elevados precios, teniendo que confiscarse la que hubiese en la fortaleza de Santo Domingo58. Concretamente, sabemos que en 1538 la Audiencia quiso hacer una armada y además de no encontrar más que una galera y dos carabelas apenas si encontraron munición y artillería para pertrecharlas. Por ello las peticiones de artillería por parte de la Audiencia fueron reiteradas afirmando en una ocasión que si hubiese artillería en los puertos caribeños los corsarios "no osarían entrar" ni ofenderían como lo habían hecho hasta entonces59. Así, por ejemplo, en 1538, cuando se personaron varias embarcaciones corsarias en la isla Española se tardó bastante tiempo en hacer una armada, pues, además de solamente haber en el puerto un galeón de 100 toneladas y 2 carabelas de 50 toneladas respectivamente "no había artillería, ni pólvora, ni gente, ni aparejo..."60. Además, era la artillería de hierro duraba muy poco en el clima tropical caribeño debido a la humedad de ahí que se pidiesen en 1549 cañones de bronce para artillar la armada de averías que se quería hacer en la isla Española61

Incluso, existía el problema de la pólvora, pues, solía ocurrir que, tras varias semanas, embebía tal humedad que resultaba completamente imposible abrir fuego con ella. Su producción en las Antillas, al menos en esta época, se vio imposibilitada por la escasez de salitre de esos territorios62, muy a pesar de que la Corona insistió reiteradamente en que se buscasen yacimientos de salitre y azufre en todas las Indias63.

 

V.-CONCLUSIONES

Sin duda, esta Armada del Caribe no alcanzó los resultados deseados debido a una serie de motivos estructurales. En primer lugar, era su propio carácter eventual lo que la dotaba de una gran ineficacia ya que en la mayoría de los casos cuando se pertrechaba ya estaban los enemigos lejos de las costas antillanas.

Y en segundo lugar era la falta de buques adecuados y de artillería lo que les impedía capturar a los enemigos. Sirva de ejemplo, el hecho de que tras la llegada de un navío inglés "de tres gavias" a Santo Domingo, en 1527, se afirmó que estaba tan bien artillada "que todas las naves del puerto de Santo Domingo no podrían con ella"64. Efectivamente, es una constante la idea de la inferioridad de los navíos de las armadas con respecto a los enemigos.

Y además de su ineficacia y de que en la mayoría de los casos lo único que se conseguía era ahuyentar a los corsarios una vez hecho el daño, era muy costosa. Así, en 1538 se lamentó la Audiencia de que además de los destrozos que hicieron los corsarios en la isla y de que se llevaron más de 4.000 pesos de oro "en ropa y otras cosas" la armada que se hizo supuso un gasto de más de 2.000 pesos de oro y no sirvió de nada pues cuando se aprestó ya se habían ido los corsarios65.

Evidentemente también hubo ocasiones donde las acciones de esta Armada consiguió grandes éxitos frente a los corsarios. Así, en 1543, se pertrecharon cuatro navíos desde la isla Española para ir contra dos naos y un patache franceses y fue tomada la Capitana, prendida su tripulación y repartido el botín66.

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Instrucciones al capitán general de la armada del Caribe Juan de Lalo, Santo Domingo, 30 de agosto de 1528.

 

 

"Lo que vos Juan de Lalo capitán general por esta Real Audiencia y oficiales de Su Majestad nombrado en nombre de su Majestad de los navíos y gente y Armada que al presente se hace para ir contra los franceses corsarios que han pasado y venido a estas partes hasta ahora y pasaren de aquí adelante habéis de hacer en la prosecución de vuestro viaje y en tanto que estuviereis ocupado en la dicha armada y servicio de Su Majestad y en la defensa de esta isla Indias y Tierra Firme del mar Océano es lo siguiente:

Primeramente que toméis vos las naos y carabelas que está acordado que vayan en la dicha armada que son la nao de Diego Sánchez Colchero que es la capitana en que vos habéis de ir y la carabela de Juan de Urrutia y la carabela de Gorbalán y la carabela portuguesa que cargaron los franceses que son cuatro navíos y munición y armas necesarias que se han podido haber y con hasta número de doscientos hombres y salgáis de este puerto de esta ciudad con la buena ventura en busca y seguimiento de los dichos franceses corsarios y los busquéis con toda la diligencia posible por las partes y lugares que de yuso serán declaradas y topándolos y hallándolos procuréis de los tomar y prender así a sus personas y bienes como a todos los navíos que trajeren y si se pusieren por cualquier vía o manera en defensa los podáis hacer guerra a fuego y a sangre sin que para hacer lo susodicho seáis obligado a hacerle algún requerimiento ni amonestación así por estar como está apregonada la guerra a fuego y a sangre contra los franceses y todos sus reinos y señoríos por mandado del Emperador Nuestro Señor como por ser como son corsarios y personas que han venido y vienen a robar y hacer guerra y otros daños en estas partes como lo han hecho.

Otrosí porque la principal causa porque nos hemos movido a hacer esta armada ha sido por la seguridad de la flota que al presente está aparejada para ir a España y de la que se espera que al presente viene de camino de España habéis de llevar cuidado e intención de asegurar el dicho viaje por donde han de ir y venir las dichas naos y flotas que es desde que saliereis de este puerto de Santo Domingo ir la vía que llevan las naos que van a España y buscar con toda diligencia todos los puertos y partes que hay o pudieren haber donde las dichas naos francesas estén y puedan estar en salto y aguardando las dichas flotas por manera que no se deje cosa por buscar y saber de los puertos y lugares donde las dichas naos puedan estar y haya disposición para ello pues lleváis navíos sutiles y todo lo necesario para poderlo así hacer todo junto lo que acá parece que debéis principalmente mirar y buscar son las partes siguientes Santa Catalina y la Saona y la Mona, cabo Rojo, San Germán y la Guarda Vieja.

Otrosí habéis de tener manera como los vecinos españoles que están en la isla de San Juan así en Puerto Rico como en San Germán o en otra cualquier parte de ellas vean la dicha armada que lleváis para que vista se esfuercen y aseguren porque para su relación sabemos que están muy desasosegados y alterados y con miedo de los dichos franceses de lo cual se sigue mucho daño especialmente para que los negros cobren ánimo para hacer alguna ruindad y en este caso os encargamos que los hagáis lo mejor que pudiereis y conforme a la disposición y tiempo que se ofreciere y con tanto que principalmente tengáis por principal el buscar de las dichas naos francesas y todo lo demás por accesorio.

Otrosí nos parece que habiendo andado todos los puertos donde puedan estar surtas alguna nao o naos de los franceses según de suso se contiene por manera que de seguro el pasaje para las naos que al presente están de camino para España habéis de pasar y os poner en las partes que conviniere para recoger y acompañar la flota que se espera que ha de venir de Castilla por manera que la flota que va y la que viene puedan tener el pasaje seguro lo cual habéis de hacer salvo si tuviereis noticia de la nao francesa porque en tal caso le seguir y buscar aquella habéis de tener por principal.

Otrosí, porque podría ser que la flota que viene de España se detuviese tanto tiempo que no pudiese del aguardar a recogerla y también que estuvieseis tan certificados de ser idos los franceses y no haber quedado ninguno en la tierra ni haber porque se deba temer de ellos en tal caso quiero y mando que estando cierto de lo susodicho así dentro de dos meses contados después de doblada la Saona no viniere la dicha flota de España después que así fuereis salido de este puerto os habéis de venir a este puerto de esta ciudad o a lo menos enviarnos una carabela de las que lleváis quedándoos vos en la Mona o en otra parte que pareciere que más convenga antes que la dicha armada se desarme.

Otrosí habéis de tener especial cuidado que la gente que lleváis españoles todos vayan bien apercibidos y lleven sus armas aderezadas cada uno con las que hubiere de pelear y el artillería muy apercibida y puesta en toda orden y los artilleros y personas que la han de regir así mismo en vuestra nao y verlo y visitarlo por vista de ojos y a los otros capitanes y maestres que llevareis en los dichos navíos que de ello tengan especial cuidado y así mismo que ninguno reniegue ni diga mal a Dios que no sea muy bien castigado.

Otrosí, en lo de la navegación que hubiereis de hacer se mire y comunique mucho con los maestres y pilotos de los dichos navíos y llevéis un farol cuando viereis que conviene y señas y apellido comunicado con todos por manera que si hubiereis de pelear por él os conozcáis y traigáis acordado y prevenido todo lo necesario y en caso que topéis con los dichos franceses y hayáis de pelear con ellos conforme a la disposición del tiempo y lugar en que se ofreciere la dicha afrenta y pelea y de todo y en todo vais bien proveído y ordenado.

Otrosí, que miréis en la manera del acometer a los dichos franceses todo lo que se debiere mirar para hacerles mucho daño y vuestra gente el menor que pudiereis por manera que no se deje de hacer cosa que conviene al servicio de Su Majestad y al cargo que lleváis.

Y en caso que os diere Dios victoria topando los dichos franceses como lo esperamos habéis de hacer poner por escrito e inventario toda la presa que se hiciere estando presente Lorenzo de Benalcázar veedor de la dicha armada por nosotros nombrado y ante el escribano que lleváis para que se divida y reparta según y como está acordado de manera que nadie reciba agravio.

Otrosí, se os da comisión y facultad para que podáis prometer y prometáis a las tres personas primeras que entraren en la dicha nao francesa o en cualquiera de ellas todo lo que a vos os pareciere hasta en cuantía de trescientos pesos de oro repartidos por primero y segundo y tercero en su día como y en la cantidad que a vos os pareciere.

Otrosí, porque en las cosas de la mar no se puede dar regla ni parecer cierto lo que aquí se os dice es por manera de consejo y aviso y vos conforme a ello y a lo que sucediere y el tiempo ofreciere habéis de hacer lo que pudiereis y de manera que teniendo noticia de las dichas naos francesas y pudiéndolas prender a ellas o a cualquiera de ellas hagáis en ello lo que os pareciere y más pudiereis que conviniere a Su Majestad y bien y pacificación de estas partes.

Otrosí, nos parece que debéis mandar en la isla de la Mona a los indios de ella que hagan pan del conuco que allí hay para que en caso que tuviereis necesidad de mantenimientos podáis ser proveído de la dicha isla y lo mismo nos parece que debéis hacer en la villa de San Germán porque según el pasaje a donde os hallareis podáis con la más brevedad que pudiereis ser proveído.

La cual dicha armada de la dicha nao y tres carabelas se despacharon y salieron de este puerto de Santo Domingo en Domingo treinta días del mes de agosto del dicho año de mil y quinientos y veinte y ocho años.

(Instrucciones a Juan de Lalo, Santo Domingo, 30 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, R. 3, N. 27, ff. 80v-83v.)

1    Por citar algunos de los ejemplos más representativos: FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: Armada Española, desde la unión de los Reinos de Castilla y Aragón, T. I. Madrid, Museo Naval, 1971. PÉREZ-MALLAÍNA, Pablo E.: Los hombres del Océano. Sevilla,1992. CEREZO, Ricardo: La proyección marítima de España en la época de los Reyes Católicos. Madrid, 1991.

2    Sobre estos aspectos puede verse MIRA CABALLOS, Esteban: "La navegación entre España y América en la primera mitad del siglo XVI: algunas precisiones", Revista de Historia Naval, Nº 62. Madrid, 1998.

3    El primer ataque importante de corsarios en el Nuevo Mundo se produjo, según Enrique Otte, en 1528, cuando el pirata español al servicio de Francia Diego Ingenios sitió la villa de Nueva Cádiz de Cubagua. Citado en CARANDE, Ramón: Carlos V y sus banqueros, T. I. Barcelona, Editorial Crítica, 1990, p. 388.

4    La Armada Guardacostas de Andalucía ha sido estudiada por nosotros en los siguientes trabajos: "La Armada de la Guarda de las Costas de Andalucía (1521-1525), Actas del II Congreso de Historia de Andalucía. Córdoba, 1994, pp. 79-88.-"La Armada Guardacostas de Andalucía y la defensa del Atlántico", Revista de Historia Naval, Nº 56. Madrid, 1997.-La Armada Guardacostas de Andalucía y la defensa de la Carrera de Indias (1521-1550). Sevilla, Muñoz Moya Editor, 1998.

5    Se trata de un término utilizado en la época, para designar a los buques que viajaban en flota, y que aún sigue usándose en nuestro días en el argot náutico.

6    MIRA CABALLOS: La navegación entre España y América...,Ob. Cit., pp. 68-69. Curiosamente este término "en conserva" se sigue utilizando aún hoy en el argot náutico.

7    Ibídem, p. 72.

8    Esta armada, denominada también como Armada del Mar Océano, Armada real de las Indias y Armada del Poniente, tuvo su residencia oficial en Sevilla durante todo el siglo XVI. Sin embargo en algún momento del siglo XVII, antes del traslado de la cabecera de la Carrera de Indias a Cádiz, trasladó su sede a esta última ciudad. LANG, Mervyn Francis: Las flotas de la Nueva España (1630-1710): Despacho, azogue, comercio. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 1998, p. 69.

9    MIRA CABALLOS: La Armada Guardacostas de Andalucía y la defensa de la Carrera de Indias...Ob. Cit., p. 48-49.

10    Carta del embajador Luis Sarmiento a Su Majestad, 12 de enero de 1540. AGS, Estado 372, N. 82.

11    Sobre esta Armada puede verse el trabajo de TORRES RAMÍREZ, Bibiano: La Armada de Barlovento. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1981.

12    HARING, Clarence: Comercio y navegación entre España y América en la época de los Habsburgo. México, Fondo de Cultura Económica, 1979, pp. 289-290.

13    Carta de los licenciados Alonso de Zuazo y Espinosa a Su Majestad, Santo Domingo, 30 de marzo de 1528. Archivo General de Indias (en adelante AGI), Patronato 174, R. 36.

14    Así se deduce de otra misiva escrita por el cabildo de Santo Domingo a Carlos V en 1537 en la que le decían textualmente lo siguiente: "Así porque las presas que hacen son muy ricas como porque traen consigo pilotos y otras gentes vasallos de Su Majestad que tienen noticia de todo lo de acá y saben la poca defensa de armas y otras fuerzas que en estas tierras hay para se les defender, cuanto más para ofender...". Carta del cabildo de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 23 de diciembre de 1537. AGI, Santo Domingo 49, R. 8, N. 58A.

15    De nada sirvieron las ordenanzas que reiteradamente expidió la Corona para conseguir que los navíos partiesen bien pertrechados y sin sobrecarga. Concretamente en un documento fechado en 1521 se decía que los navíos españoles iban tan cargados que "no podían pelear ni bien navegar". MIRA CABALLOS: Ob. Cit., p. 82.

16    Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 4 de julio de 1541. AGI, Santo Domingo 49, R. 12, N. 83.

17    Carta del Almirante a Su Majestad, Nueva Sevilla, 18 de enero de 1545. AGI, Patronato 174, R. 57. Los ataques se realizaban incluso en tiempos de paz, pues, según escribió la Audiencia de Santo Domingo en 1541 "aunque Vuestra Majestad tenga paces con el cristiano Rey de Francia que estos ladrones no han de dejar de pasar a estos mares porque las presas son grandes y sin riesgo de resistencia ninguna...". Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 4 de julio de 1541. AGI, Santo Domingo 49, R. 12, N. 83 Bis.

18    No estamos, pues, completamente de acuerdo con Bibiano Torres quien afirmó que la primera vez que se comenzó a pensar en las armadas costeras fue en 1543, mientras que Irene Wright afirmó que las armadas antillanas no hicieron su aparición hasta la segunda mitad del siglo XVI. WRIGHT, Irene A.: Historia documental de San Cristóbal de La Habana en la primera mitad del siglo XVI. La Habana, 1930. TORRES RAMÍREZ, Bibiano: La Armada de Barlovento. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1981, p. 17.

19    TORRES RAMÍREZ, Bibiano: "La defensa naval de las Indias durante el siglo XVI", en América y la España del siglo XVI. Madrid, C.S.I.C., 1983, p. 115.

20    Véase el apéndice documental.

21    HOFFMAN, Paul: "El desarrollo de las defensas del Caribe. Siglo XVI y principios del XVII", Influencia de España en el Caribe, La Florida y La Luisiana, 1500-1800. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1983, p. 19.

22    Información hecha por Francisco de Tapia en la isla Española, Santo Domingo, 8 de diciembre de 1527. AGI, Santo Domingo 9, R. 2, N. 21.

23    Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Valladolid, 8 de abril de 1538. AGI, Santo Domingo 49, R. 9, N. 59. Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, Valladolid, 8 de octubre de 1536. AGI, Santo Domingo 868, L. 1, ff. 1-2.

24    Memorial de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 10 de abril de 1538. AGI, Santo Domingo 49, R. 9, N. 59.

25    Era usual que el bergantín lo enviase la primera islas que avistase a los corsarios. Puede verse por ejemplo Real Cédula al licenciado Cerrato, Valladolid, 8 de agosto de 1544. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 217v-219. Carta del licenciado Grajeda, oidor de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 23 de junio de 1548. AGI, Santo Domingo 49, R. 18, N. 113.

26    Información que se hizo en la isla de Cuba, Santiago, 2 de mayo de 1538. AGI, Santo Domingo 10, R. 2, N. 18.

27    Informe de Antonio Henríquez Pimentel, s/f. AGI, Patronato 173, N. 2, R. 11. Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 3 de enero de 1541. AGI, Santo Domingo 49, R. 12, N. 82. Carta de Diego Caballero al Emperador, Santo Domingo, 18 de enero de 1549. MARTE, Roberto: Santo Domingo en los manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1981, p. 423. En 1552 Diego Caballero pidió al Rey que en las costas de la isla Española "anduviese a la continua una armada para que la navegación estuviese más segura". Carta de Diego Caballero a Su Majestad, Santo Domingo, 12 de abril de 1552. AGI, Santo Domingo 71, N. 2.

28    Carta del licenciado Espinosa y Alonso de Zuazo a Su Majestad, Santo Domingo, 30 de marzo de 1528. AGI, Patronato 174, R. 36.

29    Ibídem.

30    Cuentas que dio en el Consejo Juan Tello de Guzmán, 1557. AGI, Patronato 288, R. 122. Concretamente se registran diversos pagos a algunos de los pilotos y tripulantes de la armada: a Juan Tello, capitán de la armada; a los pilotos Pedro Bernal, Bartolomé Farina, Francisco Vaez y Diego Gómez; a los maestres Domingo Alonso y Luis de Buitrón; a Pedro Ximénez, trompeta de la dicha armada y al alférez de la almiranta Diego Hernández.

31    Ibídem.

32    Información que se hizo en la isla Española, Santo Domingo, 9 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, R. 3, N. 28.

33    Instrucciones a Francisco Tello, Madrid, 6 de abril de 1536. Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Consejos y Juntas de Hacienda 12, N. 41.

34    Así, por ejemplo, en 1528 figuraban como diputados de mercaderes Sancho de Monesterio, Hernando de Nebreda, Francisco Núñez y Rodrigo de Marchena. Información hecha en la isla Española, Santo Domingo, 9 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, R. 3, N. 28.

35    Sabemos que en 1557 cobraba este funcionario 150.000 mrv. al año. Real Cédula a Francisco Tello de Guzmán y al contador Pedro de Mallea, Valladolid, 6 de julio de 1557. AGI, Contratación 5090, L. 1, ff. 162v-163. Real Cédula a Pedro de Mellea, Valladolid, 28 de noviembre de 1558. AGI, Contratación 5090, L. 1, ff. 163-163v.

36    Véase el apéndice I.

37    Así, por ejemplo, en 1552 se nombró por capitán general a Alonso López de Ayala "que es hidalgo que se halló en esta ciudad, vecino de Cartagena". Carta de los oficiales de la isla Española a Su Majestad, Santo Domingo, 15 de agosto de 1552. AGI, Santo Domingo 71, N. 2.

38    Así por ejemplo en la Armada del Reino de Granada se prefería a los miembros de Ordenes militares "porque no tienen hijos ni mujer que les estorbe...". Instrucción al capitán general de la Armada del Reino de Granada, s/f. AGS, Guerra y Marina 1315, N. 230.

39    Proceso entre Juan de Lalo, maestre de la nao "La Veracruz, e Isabel de Aguilar, como heredera de Juan Ballesteros sobre ciertos maravedís que este último le prestó, Valladolid, 27 de marzo de 1518. AGS, Consejo Real 35, f. 4.

40     FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, T. I. Madrid, Museo Naval, 1972, p. 430.

41    Curiosamente en esta ocasión se decidió enviar nuevamente desde España. La armada no llegó a partir para aguas caribeñas porque, después de su apresto, se destinó finalmente a la protección de la flota de las Indias que se encontraba en las islas Azores. FERNÁNDEZ DURO: Ob. Cit., T. I, p. 446.

42    Relación de cuentas que dio Juan Tello al Consejo, 1557. AGI; Patronato 288, R. 122.

43    Tan sólo conocemos los salarios de la tripulación de la armada que se hizo en 1552, que aunque excede la cronología que en este artículo estudiamos puede ser significativa, a saber: el capitán general y los demás capitanes 6 y 2 ducados diarios respectivamente y los lombarderos los marineros y los soldados 8, 5 y 4 pesos al mes respectivamente. Carta de los oficiales de la isla Española a Su Majestad, Santo Domingo, 15 de agosto de 1552. AGI, Santo Domingo 71, N. 2

44    Aunque a veces este quinto solía ser cedido como ocurrió en 1543 en que se ordenó, por una Real Cédula, que del navío francés capturado se tomase la artillería para las fortalezas reales y el resto del botín se repartiese íntegramente entre la tripulación. Real Cédula al presidente y oidores de Santo Domingo, Valladolid, 7 de septiembre de 1543. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 200v-201v.

45    Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 7 de octubre de 1549. AGI, Santo Domingo 49, R. 19, N. 124.

46    En el caso de 1537 desconocemos los tipos de navíos utilizados aunque sí su número total.

47    Carta de los oficiales de la isla de San Juan a Su Majestad, Puerto Rico, 26 de septiembre de 1528. AGI, Patronato 176, R. 15. Relación de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 19 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, R. 3, N. 27.

48    Diego Ingenios fue un corsario originario de Cartaya (Huelva) y que tras residir en Cubagua se alistó entre las filas corsarias. Junto a él traía consigo "franceses e ingleses y vizcaínos y portugueses, genoveses y levantiscos". OTTE, Enrique: "La Rochelle et Espagne. L`expedition de Diego Ingenio a l`île des Perles en 1528", Revue D`Histoire Economique et Sociale, vol. XXXVII, Nº 1, Paris, 1959, p. 50.

49    Sobre este impuesto puede verse el trabajo de CÉSPEDES DEL CASTILLO, Guillermo: "La avería en el comercio de Indias", Anuario de Estudios Americanos, T. II, Sevilla, 1945

50    Incluso los licenciados Espinosa y Zuazo llegaron a proponer infructuosamente que tan sólo la Corona corriese con los gastos de las armadas. Carta de los licenciados Alonso de Zuazo y Espinosa a Su Majestad, Santo Domingo, 30 de octubre de 1528. AGI, Patronato 174, R. 36.

51    Relación de los mercaderes a Su Majestad, Santo Domingo, 20 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, N. 28, ff. 31-34v.

52    Según ha afirmado Paul Hoffman la Corona sólo estuvo sujeta al pago de la avería hasta 1528. HOFFMAN, Paul E.: "El desarrollo de las defensas del Caribe en el siglo XVI y principios del XVII", en La influencia de España en el Caribe, la Florida y la Luisiana, 1500-1800. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1983, p. 17. Antes de 1528 tenemos detectado el pago por la Corona del mencionado impuesto pues en las cuentas del tesorero de la isla Española Miguel de Pasamonte aparecía el siguiente dato contable: "Descargo a Bartolomé Carreño 12 pesos, 4 tomines y 1 grano de oro que parecía por fe de Diego Caballero, escribano de la dicha Audiencia, que por el presidente y oidores de ella fue acordado y mandado que los oficiales de Su majestad diesen y pagasen a la avería de lo que se montase del oro que iba para Su Majestad en la nao del dicho Bartolomé Carreño y que cumplieron los dichos 12 pesos 4 tomines y 1 grano". AGI, Indiferente General 1205, N. 61.

53    Tan sólo conocemos un caso, ocurrido en 1549, en que los franceses tomaron un barco que traía 120 negros procedentes de Santo Tomé. Relación de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 7 de octubre de 1549. AGI, Santo Domingo 49, R. 19, N. 124.

54    Relación de la ciudad de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 24 de octubre de 1527. MARTE, Roberto: Santo Domingo en los manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1981, pp. 329-330. Relación de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 8 de abril de 1543. AGI, Santo Domingo 49, R. 14, N. 93. Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, Valladolid, 7 de septiembre de 1543. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 200v-201v.

55    FERNANDEZ DURO: Ob. Cit., T. I, p. 430.

56    Relación del gasto de 5 galeras que han estado en la guarda de las costas de la isla Española y demás costas circundantes, s/f. AGI, Indiferente General 857.

57    FERNANDEZ DURO: Ob. Cit., T. I, p. 438.

58    Véase lo que afirma sobre la carencia de artillería para la defensa de la isla Española UTRERA, fray Cipriano de: Historia Militar de Santo Domingo. Ciudad Trujillo, 1950, pp. 257 y ss.

59    Relación de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 10 de abril de 1552. AGI, Santo Domingo 49, R. 22, N. 136.

60    Memorial de los oidores de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 10 de abril de 1538. AGI, Santo Domingo 49, R. 9, N. 59.

61    FERNÁNDEZ DURO: Ob. Cit., T. I, p. 438.

62    Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 23 de mayo de 1548. AGI, Audiencia de Santo Domingo 49, R. 18, N. 114.

63    Real Cédula a los oficiales de la isla Española, Talavera, 15 de mayo de 1541. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, f. 76.

64    Información que se hizo en la ciudad de Santo Domingo, noviembre de 1527. AGI, Santo Domingo 9, R. 2, N. 20.

65    Relación de Fuenmayor a Su Majestad, Santo Domingo, 10 de abril de 1538. MARTE: Ob. Cit., pp. 375-376. También en AGI, Santo Domingo 49, R. 9, N. 59 y N. 62. Otros datos sobre este ataque corsario se puede ver en UTRERA: Ob. Cit., p. 271-272.

66    En un documento se dice que fueron prendidos además del capitán 36 franceses y en otro que fueron un total de 40 los capturados. Relación de la Audiencia a Su Majestad, Santo Domingo, 8 de abril de 1543. AGI, Santo Domingo 49, R. 14, N. 93. Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia, Valladolid, 7 de septiembre de 1543. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 200v-201v.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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