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Historia Naval (S. XVI)

LAS COFRADÍAS DE MAREANTES DE SEVILLA Y CÁDIZ: DISPUTAS JURISDICCIONALES (S. XVII)

 

 

INTRODUCCIÓN

Prácticamente hasta el siglo XVIII las personas no tenían rango de ciudadanos sino de vasallos y no existía el Estado del bienestar. Este último es un concepto contemporáneo por lo que, hasta entonces, toda la previsión social de los individuos se basaba en un sistema privado de contraprestaciones.

La cobertura social de los españoles en el Antiguo Régimen se canalizaba de dos formas diferentes, según se tratase de personas que habían “cotizado” o de pobres “de solemnidad”. Por ello, Rumeu de Armas habla de dos conceptos diferentes, a saber: asistencia y beneficencia1. La población común normalmente se pagaba su propia asistencia privada, a través de las hermandades y cofradías. Prácticamente todos los cabezas de familia pertenecían a algún instituto, muchos de ellos gremiales, cubriendo de esta forma cualquier eventualidad social. De esta forma obtenían una verdadera póliza de seguros que solía abarcar a todos los miembros de la misma. Por tanto, casi todas las cofradías tenían un doble cometido, el devocional y el asistencial, proporcionando a sus hermanos, por un lado, el consuelo espiritual de sus amados titulares, y por el otro, una asistencia en la enfermedad y un enterramiento digno. Por ello, las cofradías representaban una posibilidad excepcional, para muchas familias con recursos medios o bajos, de poderse inhumar dentro de un templo. Para la mentalidad sacra de la época solamente esto suponía un gran alivio en el último trance de la vida.

Todos los que participaban en las hermandades y cofradías eran mutualistas que habían cotizado durante toda su vida. Pero, ¿qué ocurría con aquellas personas que no tenían recursos para cotizar? Pues, bien, para ellos no había asistencia sino beneficencia. Y, ¿qué diferencia había? Como afirma Rumeu de Armas la asistencia era un derecho mientras que la beneficencia era una gracia o limosna2. Los enfermos, los mutilados, los pobres de solemnidad, los inválidos, los mendigos y los menesterosos en general eran considerados un submundo marginado. Se les caracterizaba siempre de forma estereotípica como delincuente, vaga, mentirosa, indigna e indeseable. Aunque en realidad no eran más que pobres que se vieron obligados a mendigar o a robar cuando la desesperación les obligaba a ello3. Estos desheredados se mantenían a duras penas de la caridad de los pudientes. Una caridad que se suponía era una virtud cristiana que debían practicar los nobles, los burgueses ricos y, sobre todo, el estamento eclesiástico, al que se le presuponía una especial humanidad.

Esta caridad cristiana se canalizaba, por un lado, de manera informal, a través de las limosnas que decenas de pedigüeños obtenían a las puertas de las iglesias o en los espacios más concurridos de cada localidad. Y por el otro, mediante la fundación de una obra pía en la que, casi siempre a través de un testamento, se dejaba un capital para invertirlos en rentas con las que invertirlas en alguna mejora social. Las obras pías eran de muy diversos tipos: de redención de cautivos, de dotación de doncellas huérfanas para el matrimonio o su profesión como monjas, de escolarización de pobres, de enterramiento de presos o de hospitalización de enfermos.

Pero, en unos casos u otros, toda la beneficencia y la asistencia sanitaria en el Antiguo Régimen se canalizaban directa o indirectamente a través de las diversas instituciones religiosas4. A veces también los concejos dotaban o contribuían con algún tipo de beneficencia pero lo hacían desde un sentimiento exclusivamente cristiano, no laicista.

 

LA ASISTENCIA SOCIAL DE LOS HOMBRES DEL MAR

Las cofradías de mareantes y, por supuesto, las de pescadores, tenían una amplia tradición medieval tanto en los territorios de la Corona de Castilla como en los de Aragón. Sus inicios se remontan al siglo XII, cuando comenzaron a aparecer algunas corporaciones de mareantes sobre todo en distintos pueblos del País Vasco y de Cantabria5. La primera de ellas fue probablemente la de San Sebastián a las que le siguieron pronto las de Laredo, Castro Urdiales, Santander y Bermeo. Años después, existían cofradías de pescadores en decenas de puertos de todo el cantábrico, desde Galicia (Vigo o Tuy), Asturias (Llanes, Avilés o Gijón) y Cantabria (Laredo, Santander o San Pedro de la Barquera) hasta el País Vasco (Lequeitio, Fuenterrabía, San Sebastián, Bilbao o Bermeo)6. Eran institutos gremiales que agrupaban a las personas dedicadas al mar, en cada villa o ciudad costera. Su poder llego a ser tal que en la Baja Edad Media llegaron a declarar guerras y firmar alianzas y paces. El propio Eduardo III de Inglaterra se quejó al rey castellano Alfonso XI por las correrías que los marinos del Cantábrico llevaban a cabo en sus costas7. Muchas de estas cofradías gremiales sobrevivieron en España hasta el siglo XIX en que fueron languideciendo, especialmente a partir de 1861 con la Ley de disolución de los Gremios8.

A diferencia de lo que ocurría con otros gremios, como el de carpinteros, que casi siempre tenían a San José de patrón, los marineros tenían advocaciones muy variadas. Dominaban quizás las dedicadas a San Pedro, pescador de profesión, seguidas de las de San Telmo y el Espíritu Santo. También encontramos algunas bajo la advocación de la Virgen, en el caso sevillano intitulada del Buen Aire y, en otros casos, del Buen Viaje. A continuación, presentamos un pequeño muestreo de las advocaciones de algunas de las cofradías de mareantes de la España Moderna:

 

CUADRO I

ADVOCACIONES DE LAS COFRADÍAS DE MAREANTES9

ASOCIACIÓN

ADVOCACIÓN

LOCALIDAD

Cofradía de mareantes

Santa Catalina

San Sebastián

Cofradía de mareantes

San Pedro

Bermeo

Cofradía de pescadores

San Martín

Laredo

Cofradía de mareantes

San Pedro

Fuenterrabía

Cofradía de pescadores

Espíritu Santo

Zarauz

Cofradía de mareantes

San Pedro

Plentzia

Cofradía de marineros y barqueros

San Pedro

Túy

Cofradía de mareantes

San Pedro

Lequitio

Cofradía de mareantes

Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Sevilla

Cofradía de mareantes

Santísimo Sacramento

Cádiz

Cofradía de pescadores y armadores del río Guadalquivir

San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Sevilla

Cofradía de Mareantes

San Telmo

El Puerto de Santa María

Cofradía de pescadores

Nuestra Señora del Buen Viaje

Sanlúcar de Barrameda

Cofradía de mareantes

San Telmo

Las Palmas de Gran Canaria

Cofradía de pescadores

San Telmo

Málaga

Cofradía de mareantes

Santísimo Sacramento

Málaga

 

Sevilla, ciudad de larga tradición marinera, tenía, como no, numerosas cofradías de los distintos oficios relacionados con el mar.

 

CUADRO II

COFRADÍAS SEVILLANAS DE OFICIOS

RELACIONADOS CON EL MAR10

 

OFICIO

INTITULACIÓN

UBICACIÓN

Gremio de pescadores y armadores del río Guadalquivir

Hermandad de San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Hospital y capilla propia, situada en la calle de la Victoria de Triana

Gremio de calafates

Hermandad de los Santos Mártires

Hospital y capilla situada en la calle Sol de Triana

Gremio de barqueros

Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe

¿?

Contratación de marineros

Congregación de Nuestra Señora de las Cuevas

En unos aposentos del Castillo de Triana

Capitanes de barcos

Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora

¿?

Gremio de patronos de barcos

Hermandad de la Virgen del Rosario

¿?

Gremio de cargadores para las Indias y Flandes

Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella

Residencia situada en la Puerta del Arenal

Capitanes, marinos y gentes de las flotas hispanas

Hermandad de la Sagrada Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo

Residencia en el monasterio de Santa María de la Merced

Los Cómitres del Rey la Reina

Hermandad de San Nicolás

Hospital y capilla en la collación de la Magdalena “cabe la puerta de Triana”

Señores de naos, pilotos, maestres y contramaestres que navegan en la Carrera de Indias

Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Hospital a orillas del Guadalquivir, en la actual calle Betis.

 

Como se observa en este cuadro, en Sevilla había en el siglo XVI al menos una decena de cofradías gremiales de muy variados oficios relacionados directa o indirectamente con el mar. Una prueba más de la importancia que estas actividades en Sevilla que, al menos desde el siglo XV era uno de los puertos más activos e importantes de la Península. Pues, bien, de todas esas cofradías, las más influyente y poderosa económicamente fue sin duda la de los maestres, contramaestres y señores de naos, bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Aire de la que hablaremos en las páginas que vienen a continuación.

 

LA COFRADÍA Y HOSPITAL DE LOS MAREANTES DE SEVILLA

Antes de comenzar a escribir de esta cofradía de mareantes conviene dejar muy claro que esta corporación no tiene nada que ver con otra, establecida en la iglesia de Santa Ana de Sevilla, intitulada como hermandad y cofradía de Nuestra Señora del Buen Viaje. Ésta tuvo su sede en el templo de Santa Ana y aprobó sus primeras reglas en 1596, haciendo estación de penitencia, primero, en la noche del Miércoles Santo y, posteriormente, en la del Jueves Santo11. En el último cuarto del siglo XVII languideció, datando la última noticia de su existencia en 1704.

En lo que respecta a la de los Mareantes de Sevilla debemos decir que sus orígenes siguen siendo bastante oscuros porque, a pesar de haberse conservado una parte considerable de su archivo12, los primeros testimonios fehacientes datan de 1555. Pero precisamente en este último año se reconocía que la cofradía y hermandad de pilotos y maestres que hacen el “camino de las Indias”, estaba establecida desde hacía “muchos años” en la entonces llamada calle del Espíritu Santo de Triana13. Por tanto, es posible situar su fundación aproximada en algún momento del primer cuarto del siglo XVI.

En el tercer cuarto del siglo XVI se trasladaron a otro lugar, a orillas del río Guadalquivir, dando la fachada principal a la actual calle Betis y las traseras a la calle pureza, y ocupando un espacio de poco más de 358 metros cuadrados14. Su iglesia fue inaugurada el día de la fiesta de Nuestra Señora de la O de 157315. Se denominaba oficialmente “Cofradía y hospital de Nuestra Señora de los Buenos Aires”, aunque se le conocía vulgarmente como hospital de los Mareantes, según se explicaba en el encabezamiento de las Actas de la Universidad de Mareantes de Sevilla. Este primitivo edificio, fue demolido para construir en su lugar la actual Casa de las Columnas. Eso no ha impedido que diversos historiadores hayan estudiado tanto la planta y la estructura del desaparecido edificio como las obras de arte que albergó16. Finalmente, en 1704, tras casi un siglo y medio en la calle Betis, volvieron a trasladarse, en esta ocasión a su última sede, sita en el Real Colegio y Seminario de San Telmo.

Ellos siempre se sintieron herederos de los privilegios del viejo colegio de Comitres, pero lo cierto es que nada tenían que ver con esta institución bajomedieval. De hechos ambos institutos coexistieron durante bastante tiempo a lo largo de la centuria decimosexta17.

Se trataba de una cofradía que funcionaba de manera gremial, pues, no en vano reunía a un grupo muy determinado de profesionales; concretamente a “los maestres, pilotos, capitanes y señores de naos de la navegación de las Indias”. Lo más granado de la marinería española relacionada con la Carrera de Indias perteneció a esta corporación18. Su razón de ser no era otra que satisfacer las necesidades sociales y asistenciales de la gente de la Carrera de Indias.

Sus primeras reglas fueron dobles: una, las aprobadas por el provisor del Arzobispado, el 13 de marzo de 1561 en la que se regulaba la defensa de los intereses de los pilotos, maestres y señores de la nao de la Carrera de Indias. Y otra, la visada el 28 de diciembre de 1562 en que se regulaba la cofradía propiamente dicha, es decir, los cultos y la mutualidad. Ambas recibieron aprobación Real, dada en Galapagar (Madrid), el 22 de marzo de 156919. Posteriormente, dado el interés que suscitó entre sus hermanos, se realizó una edición impresa de las mismas, exactamente en 157820.

Las reglas constan de 37 capítulos en los que se detalla toda su vida corporativa. Tenía una triple vertiente, a saber: devocional, asistencial y económica, siendo sus advocaciones titulares la Virgen del Buen Aire, San Pedro y San Andrés. Desconocemos el origen de esta intitulación del Buen Aire, aunque sabemos de la existencia en Cagliari (Cerdeña) de una antigua y devota imagen, con el título de “Nostra Signora de Bonaria”.

Como es lógico, el instituto celebraba muy especialmente las festividades de la Virgen del Buen Aire y la de Todos los Santos (arts. XII y XIII). En aquella época la religiosidad de la población era sincera, pero más si cabe entre la gente del mar. Los marinos eran personas religiosas y supersticiosas tanto que existían instrucciones para no dejar subir a bordo a ningún tripulante que no hubiese practicado previamente los sacramentos de la confesión y la eucaristía21. En momentos difíciles, cuando estaban al borde de la zozobra, la imaginación les llevaba a ver a santos protectores, como San Telmo. Narraba Juan de Escalante que estas visiones en momentos tan críticos eran muy inoportunas porque, cuando más se necesitaba del esfuerzo de los marineros para mantener el navío a flote, se quedaban “pasmados y embebidos y dejan por entonces de acudir a la mayor necesidad”22. Pero lo cierto, al margen de estas anécdotas es que la vertiente religiosa de la corporación debió ser muy importante, especialmente los cultos tributados en honor de su patrona, la Virgen del Buen Aire.

Pero, tan importante como la devocional era la vertiente asistencial, encargándose especialmente del enterramiento de sus hermanos, pues, en las propias reglas se le dedican nada menos que 10 artículos de los 37 que componen su reglamento. Se detalla absolutamente todo, desde la forma en que el muñidor debía avisar a los hermanos de un fallecimiento, hasta las hachas –doce- que habían de acompañar al difunto.

No obstante, las prestaciones de la corporación no se limitaban al enterramiento. También incluía la curación de los hermanos enfermos, para lo cual disponían de un hospital propio. En él no sólo atendían a sus mutualistas sino que la ayuda terminó extendiéndose a cualquier marinero de la Carrera de Indias, aunque no perteneciese al instituto23. El único requisito para ser acogido en el hospital era que la persona en cuestión hubiese desempeñado su trabajo en algún buque de los que se dedicaban a la navegación con las Indias.

Y no sólo se ocupaban de la posible curación, o de la asistencia espiritual en los últimos momentos de su vida sino que, llegado el caso, ayudaban económicamente a la familia del mutualista enfermo. Esto sí que era una garantía en una época tan difícil, en la que cualquier persona por una mala racha, o simplemente por vejez, podía caer en la pobreza extrema. Asimismo, se encargaba de la asistencia económica a los hermanos enfermos, a los hijos huérfanos de los mutualistas así como al recate de los apresados por franceses o moros (arts. III y IV). Y también destinaban un fondo especial para dotar a aquellas hijas de los cofrades que habían caído en la pobreza o para socorrer a los hermanos presos con un real diario24.

Y finalmente, el tercer objetivo de la corporación era de carácter socio-político, pues también se articulaba como Universidad, “para defenderse de cualquier persona o institución que lesionase sus intereses”25. Los mareantes sevillanos tenían dos organismos vinculados entre sí: uno, la cofradía que se dedicaba fundamentalmente a la labor asistencial, a través del hospital y de los enterramientos. Y otro, la Universidad cuyo objetivo era la defensa gremial del universo de navegantes o mareantes de la Carrera de Indias26.

Como el gremio de Mareantes fue muy poderoso en Sevilla, igualmente poderosa fue su institución, es decir, la cofradía, el Hospital y la Universidad de Mareantes. Incluso, llegaron a tener hermandades filiales en América, como la que tenía su sede en el monasterio de San Francisco de Veracruz, en México27. La cofradía disponía de importantes ingresos económicos que provenían de distintas fuentes: uno de los más importantes procedía de la cuarta parte de soldada que se cobraba a los maestres de los navíos de la Carrera –luego pasó a ser media soldada-. Entre los ingresos ordinarios y regulares figuraba también la cuota de ingreso de hermanos -dos ducados-, así como la cuota mensual ordinaria que abonaban todos los mutualistas. Muy importantes eran también los donativos que recibían, mediante las alcancías que se colocaban en los lugares más visibles de los navíos. No era la única corporación que colocaba estas huchas, pues, también nos consta que las había al menos de la Virgen de Guadalupe y de la sevillana cofradía de Nuestro padre Jesús de la Pasión28. Y finalmente, cargaban las multas de un real que se imponía a los hermanos por incumplir los estatutos, es decir, por no acudir a los llamamientos de la misma o por acceder al cabildo con algún arma, actitud que estaba expresamente prohibida.

En el último cuarto del siglo XVII, se trasladaron a su nueva sede en el colegio de San Telmo, cuyas obras habían comenzado en 1682, bajo la dirección del maestro Antonio Rodríguez29. A partir de 1772 las obras fueron proseguidas por el maestro mayor del arzobispado, Leonardo de Figueroa, quien realizó la monumental fachada principal, así como la capilla30. La Hermandad continuó su vida corporativa en la capilla de de San Telmo durante el siglo XVIII. Su anterior asiento en la calle Betis, cayó en desuso, entrando en ruinas en la segunda mitad del siglo XVIII hasta su total desaparición.

 

LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE CÁDIZ

 

Tanto en el siglo XVI como en el XVII la mayor parte de los cofrades de la corporación sevillana procedían de distintos puntos de las actuales provincias de Sevilla y Huelva, siendo mucho menor la presencia de gaditanos31. Eso denotaría claramente que muchos de los pilotos y maestres gaditanos no se aseguraban en la cofradía de Mareantes de Sevilla sino en distintas cofradías de su propia ciudad. En Cádiz no había una hermandad propiamente dicha de mareantes. Sin embargo, la del Santísimo Sacramento, quizás buscando los suculentos ingresos de la cuarta parte de las soldadas y de las alcancías de las naos de la Carrera de Indias, aspiraba a serlo. No llegó nunca a ser una hermandad gremial de mareantes porque sus mutualistas no sólo eran pilotos y señores de naos. Sin embargo, sí que alcanzó un acuerdo con estos para que, a cambio del pago de la cuarta parte de la soldada y de las alcancías, se atendiese en la enfermedad a los mareantes y se les diese un enterramiento digno.

Y todo ello por el gran descontento que manifestaban los pilotos y maestres gaditanos. Los pocos que sí pertenecían a la corporación sevillana se quejaban de que no se podían beneficiar de las ventajas corporativas del instituto, por su residencia en Cádiz. Los que no eran cofrades de la sevillana solicitaban que los ingresos de las alcancías y la soldada de los buques que partían o entraban del puerto de Cádiz se destinasen a sufragar a la cofradía gaditana y no a la sevillana. Según el propio testimonio del mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de Cádiz, ésta era muy pobre y a duras penas atendía, por caridad, a los pilotos, maestres y marinos de la Carrera de Indias que caían en la enfermedad y/o en la pobreza. Y lo cierto es que leyendo los documentos y alegaciones de la corporación gaditana hay que reconocer que no les faltaba razón en sus peticiones.

Aunque la correspondencia localizada por nosotros en el Archivo General de Indias, está fechada en 1612, aluden a una representación remitida al Rey doce años antes en la que plantearon ya el problema. Según decían en el hospital de Mareantes de Sevilla “no recibe beneficio ninguno la gente de las naos que se despachan en esta bahía”32. Pero indican que, pese a las reivindicaciones dirigidas a los cofrades sevillanos, que en teoría debía responder en veinte días, jamás hubo una contestación oficial. Estaba claro que el problema no era nuevo, pero los cofrades sevillanos veían venir una peligrosa escisión que podía restarles cuantiosos ingresos. El perjuicio económico podía ser grande habida cuenta del gran número de pilotos, maestres y dueños de naos que residían en la bahía de Cádiz. Por ello, no les faltaban razones para actuar pasivamente; lo que hoy denominaríamos un silencio administrativo.

Pero en 1612 los cofrades gaditanos no estaban dispuestos a conformarse con dicho mutismo. Hartos de su situación de indefensión pretendían alcanzar, de una vez por todas, una solución definitiva y duradera. En Cádiz residían muchos maestres, pilotos y gentes del mar que no recibían ningún beneficio de su pertenencia a la Cofradía de Mareantes de Sevilla. Por ello pretendían que la cofradía del Santísimo Sacramento de Cádiz –probablemente ubicada en la Catedral, aunque no se especifica-, hiciese las veces de corporación gremial para las gentes del mar residentes en dicha localidad. Se trataría de ampliar el marco de acción de la primitiva cofradía sacramental. Obviamente la idea gustaba a los hermanos de dicha cofradía, por lo que su mayordomo Pedro Martínez Fortún, capitán del presidio, escribió también al Rey informándole favorablemente. Como reconocía éste, la hermandad era muy pobre y estaba necesitada de recursos. Por ello, los hermanos de la sacramental se beneficiarían de los ingresos de los Mareantes y, a cambio, les darían respuesta a sus necesidades asistenciales.

La Sacramental se beneficiaría de dos nuevos ingresos: primero, la media soldada que se pagaba en principio a la corporación sevillana iría a parar a las arcas de la sacramental gaditana. Y segundo, pretendían continuar con una práctica que ya era costumbre de colocar una alcancía para la hermandad en todos los buques que partieran de Cádiz. Al parecer, el juez Pedro del Castillo, aludiendo a una autorización del secretario del Consejo Pedro de Ledesma, lo había permitido desde hacía años. El juez que le sucedió, Juan Bautista de Baeza, pese a que jamás encontró dicha autorización, continuó permitiendo esta práctica por ser ya en Cádiz “costumbre y obra pía”.

La hermandad tenía como cometidos habituales la asistencia a los pobres enfermos y la celebración de la fiesta del Corpus Christi. Además, según su mayordomo, como en Cádiz llegan muchos “herejes, moros y judíos al trato y comercio” había gran necesidad de que los actos públicos tuviesen “más pompa y fasto que en otras partes”.

A cambio de esos ingresos extras que le iban a proporcionar los mareantes gaditanos los hermanos del Santísimo se debían comprometer a prestarles dos servicios muy concretos, que especifican los propios armadores:

 

“Con obligación que ha de tener de dar las medicinas que hubieren menester los marineros, grumetes y pajes que de las tales naos enfermaren en esta ciudad para que se puedan curar en sus casas. Y con obligación de que todos los primeros domingos de cada mes diga dicha cofradía una misa rezada por los navegantes que nuestro señor les de buen viaje”33.

 

Por tanto, queda claro, que la hermandad Sacramental les garantizaría un servicio espiritual y otro terrenal del que de hecho no gozaban con la cofradía sevillana.

El expediente no es mucho más explícito por lo que no sabemos exactamente cómo acabo todo. La corporación sevillana se opuso hasta donde le fue posible. Pero parecían tan justas las reivindicaciones de los gaditanos que probablemente consiguieron salirse con la suya. De esta forma, la hermandad Sacramental de Cádiz, que tenía una larga tradición asistencial, se convirtió también en la corporación gremial de los mareantes gaditanos.

 

 

CONCLUSIÓN

Como puede observarse esta cofradía gremial de los Mareantes de Sevilla, jugó un papel muy destacado en la Edad Moderna. Precisamente por ser, como muy bien se ha escrito, puerto y puerta de Indias.

Probablemente, en el siglo XVIII entró en decadencia, debido fundamentalmente al trasladado de la Casa de la Contratación al puerto de Cádiz. Si ya en el siglo XVII habían surgido disputas con los maestres y capitanes gaditanos porque no se podían beneficiar de las ventajas corporativas de la hermandad sevillana, en el siglo XVIII se debió acentuar el problema. La hermandad sevillana fue perdiendo hermanos a medida que disminuía su trato con las Indias, descendiendo asimismo los ingresos y las prestaciones de su corporación.

Pese a ello, de la importancia que tuvo dan buena cuenta los enseres que nos han quedado de ella. Especialmente la Virgen sedente del Buen Aire, fruto de la transformación realizada en 1725 por el insigne imaginero Pedro Duque Cornejo, del primitivo relieve de la misma advocación tallado hacia 1600 por Juan de Oviedo “el Joven”34. Las imágenes de San Andrés y San Pedro co-titulares, que figuran a ambos lados y que son obra de José Maestre al igual que el propio retablo35. En la capilla existen asimismo otras esculturas de Pedro Duque Cornejo como la imagen de San Telmo o la de San Antonio de Padua, ambas presidiendo sendos retablos de los muros laterales. También se conservó en la capilla de San Telmo, hasta 1845 en que pasó a manos privadas, un lienzo de grandes dimensiones de la Virgen del Buen Aire, ejecutado por el pintor de Évora (Portugal) Vasco Pereira en 160336. Al parecer presidió la sala de juntas de la antigua sede del hospital y cofradía de Mareantes en Triana.

Finalmente, decir que el nombre de esta cofradía, hospital y universidad quedó inmortalizado nada más y nada menos que en la fundación de Buenos Aires. Al parecer, en recuerdo a la corporación de la que era miembro, Pedro de Mendoza, en febrero de 1536, le dio el nombre de Buenos Aires a un pequeño asentamiento que él mismo fundó37. Décadas después, concretamente el 11 de junio de 1580, Juan de Garay rebautizó la ciudad con el nombre de la Trinidad aunque, eso sí, ubicada en el puerto de Santa María de los Buenos Aires. Como escribió Celestino López, pese a todo prevaleció el nombre de Buenos Aires “para honra de la Universidad de Mareantes y gloria de Sevilla”38.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

 

APÉNDICE I:

 

Carta de Juan Bautista de Baeza a Su Majestad, Cádiz, 6 de junio de 1612.

 

“Señor: en carta del consejo Real de las Indias de Vuestra Majestad de 14 de mayo se me dice que por parte de Pedro Martínez Fortún, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad se ha hecho relación en el Consejo, diciendo que presuponiéndose que en el hospital de los Mareantes de Sevilla, en Triana, se cura la gente de mar de la Carrera de las Indias y se da limosna a los oficiales que han venido necesitados de ellas le está aplicado y se cobra para el dicho hospital de cada nao que sale para las Indias una cuarta de una soldada que se quita a las dichas naos.

Y que habiendo representado habrá doce años a Vuestra Majestad que en aquel hospital no recibe beneficio ninguno la gente de las naos que se despachan en esta bahía y suplicado mandase que el cuartón que se obra de ellas para el dicho hospital se aplicase a la dicha cofradía del Santísimo Sacramento se mandó notificar al dicho hospital que dentro de veinte días respondiese a ello y se quedó en este estado sin que hasta ahora lo hayan hecho. Y ha suplicado a Vuestra Majestad atento a esto se mande aplicar el dicho cuartón que se cobra de las naos que salen de esta bahía a la dicha cofradía. Y manda vuestra majestad que yo diga lo que en esto pasa y si es así que no se cura en el dicho hospital la gente de mar que sale de esta bahía ni gozan de aquel beneficio y si en la pretensión que ha tenido la dicha cofradía se ha proveído alguna cosa antes de ahora o lo que se debería proveer y ordenar y quede todo envíe relación con mi parecer.

Lo que en esto se me ofrece decir es que habiéndome informado en esta ciudad de algunos dueños de naos y gente plática y que sabe lo que en esto pasa he entendido que la cofradía y hospital de los mareantes de Sevilla solía cobrar de todas las naos que van y vienen de las Indias media soldada de marinero de cada una y ahora de poco tiempo a esta parte se cobra real y medio por cada tonelada de las naos, aunque los dueños de ellas pretenden que se modere en un real. Y esto se consume en los enfermos del dicho hospital y también si hay algún dueño de nao que sea cofrade de la dicha cofradía y haya venido a necesidad lo socorren con algo para sus alimentos y de ello se gasta en ocasiones que se ofrecen de enviar hombres a esa corte a negocios de la Universidad de los Mareantes o en otras cosas tocantes a ella. Y muy pocas veces acaece curarse en aquel hospital hombre que navega en las naos de Cádiz y no tengo noticia cerca de lo que el dicho Pedro Martínez Fortún pide se haya proveído hasta ahora cosa alguna y parece que, siendo Vuestra Majestad servido se podría mandar notificar a los administradores del dicho hospital que diesen razón de lo que en esto pasa y en la forma que gastan lo que cobran de los dichos dueños de naos y del beneficio que resulta de ello a la gente que navega en las que salen de esta bahía para las Indias para que Vuestra Majestad mande proveer lo que a su real servicio convenga, cuya Real Persona guarde nuestro Señor como la cristiandad ha menester. Cádiz, 6 de junio de 1612 años. Juan Bautista de Baeza.

(AGI, Indiferente General 1129)

 

 

APÉNDICE II:

 

Carta de Juan Bautista de Baeza a Su Majestad, Cádiz, 6 de junio de 1612

 

“Señor: por carta del Consejo Real de las Indias de vuestra majestad, de 14 de mayo, se me manda decir que por parte de Pedro Martínez Fortún, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad, se ha hecho relación en el Consejo y dicho que cada uno de los navíos que salen de esta bahía para las Indias ha llevado y lleva una alcancía de la dicha cofradía y que, por carta del secretario, Pedro de Ledesma, se ordenó que el juez de esta dicha ciudad las diese y entregase en los dichos navíos que despachase y que asimismo las volviese a cobrar de tornaviaje porque los dueños de las dichas naos se solían quedar las más veces con ellas. Y manda Vuestra majestad que yo diga lo que cerca de esto pasa y si es verdad que se ha acostumbrado llevar las dichas alcancías y si hay orden para ello y que de todo yo envíe relación con mi parecer.

Lo que en esto tengo que decir es que, aunque he buscado con diligencia entre los papeles de este juzgado, la dicha carta del secretario Pedro de Ledesma no la he hallado, ni ninguna otra orden de vuestra majestad que cerca de esto trate. Y Pedro del Castillo, mi antecesor, acostumbró enviar las dichas alcancías en las naos que despachaba y, por hallar yo esto puesto en costumbre y ser obra pía, lo he continuado y encargado a los capitanes y dueños de naos estas alcancías y algunos las han vuelto al mayordomo de la dicha cofradía y otros que no lo han hecho ha sido por decir que no han sacado limosna o por haber entrado las naos que las traen en Sanlúcar o por haberlas echado al través en las Indias y no haber vuelto aquí los maestres ni dueños de ellas.

Y parece puesto en razón que no se innove esta costumbre, pues, por haber quedado muy pobre la dicha cofradía del Santísimo Sacramento después que la armada inglesa entró en esta ciudad tiene necesidad se lleven estas alcancías para que con la limosna que trajeren pueda tener el Santísimo Sacramento la cera y cosas necesarias para estar con la decencia que conviene. Vuestra majestad lo mandará ver y proveer lo que a su real servicio convenga cuya Real Provisión guarde nuestro señor como la cristiandad ha menester. Cádiz, 6 de junio de 1612 años. Juan Bautista de Baeza.

(AGI, Indiferente 1129).

 

APÉNDICE III

 

Carta de los armadores de Cádiz a Su Majestad, h. 1612.

 

“Señor: los dueños de las naos que navegan la Carrera de Indias que cargan en la bahía de esta ciudad de Cádiz que abajo firmamos nuestros nombres, en vez y en nombre de los demás, decimos que a nosotros se nos quita media soldada de marinero de cada una de nuestras caos para la cofradía de los mareantes de la ciudad de Sevilla en Triana para la cura de los enfermos que la dicha cofradía hace en la dicha Sevilla. El cual beneficio no redunda en pro ni provecho de nos, ni de los marineros, grumetes, ni pajes que sirven y navegan con las dichas nuestras naos y en las demás que cargan en esta bahía porque no se curan por la dicha cofradía ninguno de ellos porque vivimos en esta ciudad que está veinte leguas del dicho hospital de Sevilla. Y cuando alguno enferma en esta ciudad de los dichos marineros, grumetes y pajes, y es pobre, que no tiene con qué curarse nos obliga la caridad a buscarles cura en ella y medicinas para ello.

Y así, teniendo atención a lo susodicho y considerando que la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad de Cádiz que sale a visitar los enfermos de ella tiene gran necesidad porque es muy pobre, por no tener renta ninguna con qué pagar los gastos del ornato de ella y el de la cera que se gasta cuando sale por las calles a consolar los enfermos y atendiendo a ser esta ciudad puerto de mar, donde de cada día vienen y asisten muchos extranjeros y entre ellos herejes, moros y judíos al trato y comercio que en ella hay, tiene necesidad la dicha cofradía a acudir en las dichas salidas con más pompa y fasto que en otras partes, lo cual por ser pobre como es la dicha cofradía no lo puede hacer. Nosotros de nuestra voluntad, por servir a la divina Majestad, suplicamos a vuestra majestad mande adjudicar la dicha media soldada a la dicha cofradía del Santísimo Sacramento de esta dicha ciudad de Cádiz de todas las naos que cargan y cargaren de aquí adelante en la bahía de ella para cualesquiera partes de las Indias que fueren despachadas por el juez que reside en ella, mandándole que de aquí adelante haga pagar al mayordomo de la dicha cofradía del Santísimo Sacramento lo que importare la dicha media soldada para ayuda al gasto de la dicha cofradía, pues, es justo se haga así por ser de dinero nuestro la dicha media soldada, pues se debe hacer la limosna a donde fuere la voluntad de su dueño y la nuestra es que se dé a la dicha cofradía.

Con obligación que ha de tener de dar las medicinas que hubieren menester los marineros, grumetes y pajes que de las tales naos enfermaren en esta ciudad para que se puedan curar en sus casas. Y con obligación de que todos los primeros domingos de cada mes diga dicha cofradía una misa rezada por los navegantes que nuestro señor les dé buen viaje.

Y con esto, mandar vuestra majestad a la dicha cofradía de los Mareantes de la dicha ciudad de Sevilla que no pidan a las tales naos que fueren despachadas en ésta, por el juez de ella, la dicha media soldada, ni cosa alguna de ella. Y al presidente, jueces y oficiales de la Casa de la Contratación de la dicha Sevilla que den el favor y ayuda que para la expresión de ello fuere menester en ella, que en ello hará vuestra majestad un gran servicio a Dios nuestro Señor y a nosotros muy gran merced y a los nuestros marineros mucha limosna con que tengan medicinas con que curarse”. Firman: Hernando Guerra, Pedro Ramos, Pedro Juan, Alonso de Meneses, Juan Gómez Maldonado y Gonzalo Bajales.

(AGI, Indiferente 1129).

 

 

APÉNDICE IV:

 

Certificación dada por Gerónimo de Cabra, colector de la Catedral de Cádiz, 8 de junio de 1612.

 

“Certifico yo Gerónimo de Cabra, presbítero colector de la santa Iglesia de esta ciudad de Cádiz, que por orden del capitán Pedro Martínez Fortún, entretenido por su majestad en el presidio de esta dicha ciudad de Cádiz y mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de ella se dice desde el año de mil y seiscientos a esta parte todos los primeros miércoles de cada mes una misa al espíritu santo por el Rey nuestro señor para que le guarde muchos años con vida y salud y le dé su santa gracia y paz y concordia con los príncipes cristianos y acrecentamiento de Reinos para mayor gloria de la Divina Majestad. Y para que de ello conste, di la presente que es fecha en la ciudad de Cádiz, a ocho de junio de mil y seiscientos y doce años”. Gerónimo de Cabra.

(AGI, Indiferente 1219).

 

1 RUMEU DE ARMAS, Antonio: Historia de la previsión social en España. Cofradías, gremios, hermandades, montepíos. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1944, p. 165.

2Ibídem, p. 165.

3 Sobre la cuestión puede verse la obra clásica de LIS, Catharina y SOLY, Hugo: Pobreza y capitalismo en la Europa preindustrial (1350-1850). Madrid, Akal, 1984, pp. 101 y ss.

4 Para el caso de Sevilla puede verse el trabajo de CARMONA GARCÍA, Juan Ignacio: El sistema de la hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, Universidad, 1979.

5 RUMEU DE ARMAS: Ob. Cit., pp. 137-139.

6 Ibídem, Pág. 142.

7 Ibídem, pp. 139-140.

8 Las actuales cofradías de pescadores se diferencian de las antiguas cofradías gremiales en que están autorizadas, controladas y reguladas por el Estado y tienen como principal y casi único objetivo dirimir los conflictos que surgen en el interior del sector. Véase, por ejemplo, el magnífico estudio de ALEGRET, Juan Luis: “Del corporativismo dirigista al pluralismo democrático: las cofradías de pescadores de Cataluña”, http://biblioteca.udg.es/gespm (consulta 26-X-07).

9 Fuentes: RUMEU DE ARMAS: Ob. Cit., pp. 141-144. LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: “La hermandad de Santa María del Buen Aire de la Universidad de Mareantes de Sevilla”, Anuario de Estudios Americanos, vol. I. Sevilla, 1944, pp. 701-721. SANCHO DE SOPRANOS, Hipólito: La cofradía de mareantes de San Telmo de El Puerto de Santa María”, Revista general de la Marina Nº 166. Madrid, 1964. CRUZ ISIDORO, Fernando: “Sobre el escultor Gaspar de Ginés y la Virgen del Buen Viaje del convento sanluqueño de Capuchinos”, Archivo Hispalense, Nº 267-272. Sevilla, 2007, pp. 243-244. ERKOREKA GERVASIO, José Iñaki: Estudio histórico de la cofradía de mareantes de Portugalete: orígenes, organización y fundaciones. Portugalete, Publicaciones del Excmo., Ayuntamiento, 1993. DUO, Gonzalo: “Formas de navegación en el puerto de Plentzia a través de los documentos de la cofradía de mareantes de San Pedro (siglos XIII-XIX)”, Vasconia: Cuadernos de historio-geografía, Nº 31. Bilbao, 2001, pp. 113.132. BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de: “La cofradía de mareantes de San Telmo en las Palmas de Gran Canaria: proyecto de un montepío textil (1781-1805), Espacio, Tiempo y Forma, Nº 2. Madrid, 1989, pp. 243-268. SERNA VALLEJO, Margarita: “Algunas cuestiones en torno a la cofradía de mareantes de San Martín y el concejo de Laredo”, en El fuero de Laredo en el octavo centenario de su concesión. Laredo, Excmo. Ayuntamiento, 2001, pp. 405-450. BURGOS MADROÑERO, Manuel: “Congregaciones, hermandades o cofradías-gremios y gremios de matriculados de la gente de mar en los siglos XVIII y XIX. Una aproximación”, en Gremios, hermandades y cofradías, T. II. San Fernando, 1992, pp. 111-133.

10 Fuente: LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 702-705

11 Existía la tradición de que esta hermandad fue fundada por maestres, señores de naos y pasajeros a Indias a finales del siglo XVI, concretamente en 1596. Véase, por ejemplo, la obra de CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: Anales de las cofradías sevillanas. Sevilla, Editorial Castillejo, 1991, pp. 591-592. Sin embargo, hemos leído detalladamente los estatutos fundacionales, aprobados en Sevilla por el ordinario, el 24 de julio de 1596, y en ningún momento se alude a su vinculación con los maestres o pasajeros de la Carrera de Indias. De hecho, no era una cofradía gremial sino abierta. Para entrar como hermano sólo se requería ser cristiano viejo “y no morisco, ni mulato ni indio”, no ser negro, y ser una persona honrada y “de buena vida y fama”. Véase SÁNCHEZ HERRERO, José (Ed.): CXIX reglas de hermandades y cofradías andaluzas, siglos XIV, XV y XVI. Huelva, Universidad, 2002, pp. 545-556. Los maestres y señores de naos ya tenía su cofradía, por lo que más bien parece una confusión o extrapolación de la Cofradía de Mareantes de la Virgen del Buen Aire con la de la Virgen del Buen viaje.

12 En el Archivo de la Universidad de Sevilla se conservan libros de cuentas desde 1682 y libros de recepción de hermanos desde 1556 a 1789.

13 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 707-708.

14 Ollero Lobato aporta el dato de la extensión del solar en varas cuadradas, en total 429. Teniendo en cuenta que una vara equivalía a 0,835 metros, obtendríamos una cifra de 358,215 metros cuadrados. OLLERO LOBATO, Francisco: “El hospital de Mareantes de Triana: arquitectura y patronazgo artístico”, Atrio Nº 4. Sevilla, 1992, p. 63.

15 Ibídem.

16 Tras el traslado a San Telmo fue utilizado por los clérigos menores y, luego, por los franciscanos de San Juan de Aznalfarache. En 1767 fue recuperado por la Universidad y cofradía de Mareantes quien lo desacralizó y vendió. Sobre el edificio y sus enseres puede verse el ya citado trabajo de OLLERO LOBATO: Ob. Cit., pp. 61-70 y el de NAVARRO GARCÍA, Luis: “La casa de la Universidad de Mareantes de Sevilla (Siglos XVI y XVII)”, en La Casa de la Contratación y la navegación entre España y las Indias. Sevilla, CSIC, 2004, pp. 743-760.

 

17 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 702-708. OLLERO LOBATO: Ob. Cit., pp. 61-62.

18 Véanse los estudios de BORREGO PLA, María del Carmen: “Los hermanos de la cofradía de Mareantes de Sevilla en el siglo XVI”, II Jornadas de Andalucía y América, T. I. Sevilla, 1984, Págs. 361-387 y de la misma autora: “Los hermanos de la Universidad de Mareantes de Sevilla en el siglo XVII”, III Jornadas de Andalucía y América, T. I. Sevilla, 1985, pp. 237-252.

19 Dicho instrumento fue localizado en el Archivo de Protocolos de Sevilla por el acucioso investigador Celestino López. LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 701-721. Fue reproducido casi tres décadas después en BORREGO PLA, María del Carmen y Luis NAVARRO GARCÍA: Actas de la Universidad de Mareantes de Sevilla. Sevilla, Diputación Provincial, 1972, pp. 295-308.

20 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 709.

21 PÉREZ-MALLAÍNA, Pablo E.: Los hombres del océano. Sevilla, Diputación Provincial, 1992, p. 247.

22 Ibídem, pp. 252-253.

23 BORREGO PLA: “Maestres y pilotos de la Bahía Gaditana en la Carrera de Indias hasta 1700”, Andalucía y América. Córdoba, Cajasur, 1994, p. 137.

24 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 718.

25 BORREGO PLA: Maestres y pilotos de la bahía gaditana, Ob. Cit., p. 135.

26 Desde 1681 en que se creo el Colegio de San Telmo la labor de la Universidad se centrará en formar e instruir a niños huérfanos en el arte de la navegación y de la marinería. Sobre esta institución pueden verse los trabajos de HERRERA GARCÍA, Antonio: “Estudio Histórico sobre el Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla”, Archivo Hispalense Nº 89. Sevilla, 1958, pp. 249-250 y el más reciente y minucioso de JIMÉNEZ JIMÉNEZ, Elisa María: El Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1808): su contribución al tráfico marítimo con América y su significado en la historia de la ciudad en el siglo XVIII. Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad, 2002.

27 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 701.

28 Ibídem, p. 717.

29 MORALES, Alfredo J. y Otros: Guía artística de Sevilla y su provincia, T. I. Sevilla, Diputación Provincial, 2004, pp. 306-307.

30 Ibídem, p. 307.

31 BORREGO PLA: Los hermanos de la Universidad de Mareantes de Sevilla en el siglo XVI, Ob. Cit, p. 241. Esta autora citaba a unos quince pilotos gaditanos que pertenecían a la cofradía de Mareantes de Sevilla, a saber: Francisco de Candía, Juan de Medina, Francisco del Castillo, Andrés García, Hernán García, Pedro Hernández Franco, Andrés Jiménez, Ambrosio Manuel, Juan Mejía, Juan Morales, Juan Palomino, Constantino Pérez, Alonso Ramos, Baltasar Rodríguez y Juan Vega. BORREGO PLA: Maestres y pilotos de la bahía gaditana, Ob. Cit., pp. 135.136.

 

32 Véase el apéndice I.

33 Véase el apéndice III.

34 NAVARRO GARCÍA: Ob. Cit., pp. 749-750. MORALES: Ob. Cit., T. I, p. 308.

35 MORALES: Ob. Cit., T. I, p. 308.

36 VALDIVIESO, Enrique: Historia de la pintura sevillana. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1992, p. 107.

37 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., Págs. 720-721.

38 Ibídem, Pág. 721.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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